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Rincón de la entropía
Una sociedad anestesiada, unos ciudadanos que no piensan y que creen a pies juntillas en lo que ven en la televisión y que no se preocupan de conocer el pasado ni en reflexionar sobre la sociedad. ¿Para qué, si hay televisión y medios de entretenimiento para aburrir? No, no estoy hablando del año 2016, sino de Fahrenheit 451, uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción en todo el mundo. Escrito en 1953 por Ray Bradbury, una de las cosas que más sorprenden de esta novela es la vigencia y actualidad -cada vez más precisa- que describe.

En la línea con otras novelas distópicas que nos presentan sociedades autoritarias, como 1984 de George Orwell o Un mundo feliz de Adolf Huxley, este libros nos muestra un mundo en el que los pensamientos están realmente controlados por el poder. Tanto es así, que la lectura se considera un acto subversivo. Los bomberos ya no se encargan de apagar el fuego sino, precisamente, de provocarlo, pero sólo hacia los libros. El fuego es la herramienta con la que el gobierno combate esos instrumentos tan odiosos que hacen, según ellos, que los ciudadanos no consigan una vida plena. Porque, como todo el mundo sabe, los libros no hacen más que dar problemas.

Aunque es un libro que leí hace tiempo, he de confesar que cada cierto tiempo vuelvo a la relectura de la historia, descubriendo en cada pasada nuevos matices y pequeños detalles que hacen mucho más enriquecedora su lectura. Quizás no sea la novela en sí, sino la aportación personal del lector la que la haga especial en cada momento, pero, resulta especialmente revelador que una historia que cuenta con más de 50 años pueda reflejar el presente de la política y la sociedad de una manera tan certera.

Los habitantes de la ciudad viven anestesiados gracias a los grandes medios de comunicación, entregados a un modo de vida hedonista. La cháchara de los mass media les hace vivir el día a día sin ninguna motivación. Poco a poco, las Humanidades han ido desapareciendo de la sociedad: nadie quiere pensar, nadie se plantea por qué suceden las cosas. Todo se ha vuelto tan banal que no tiene sentido seguir preguntándose las cosas. La "igualdad" se ha entendido en esta sociedad de la manera más oscura posible, haciendo que la sociedad sea tan uniforme que el pensamiento se diluya entre los ciudadanos.

Y los libros están completamente prohibidos porque son, según el gobierno, los culpables de las desigualdades, las guerras y los enfrentamientos. Porque lo que sucede en las páginas de éstos es lo que hace que los ciudadanos piensen y se planteen que existan diferencias. Y eso, es lo peor.

Sin embargo, dentro de esta sociedad enferma aún quedan algunos "disidentes" que se siguen haciendo preguntas. Y una de ellas llega hasta Montag, el protagonista de la novela: un bombero que vive por y para proteger a la ciudad. Un bombero que, como los demás, disfruta de su trabajo quemando libros y sintiéndose orgulloso de ello. Hasta que descubre que la verdad que siempre había conocido tal vez no fuese la única. La evolución del personaje es realmente interesante, cómo de ser un hombre de bien que se guía por las normas, acaba siendo todo un rebelde que llega a poner en peligro su vida por luchar por unas ideas contrarias a las oficiales y que él considera justas. Choca frontalmente con la personalidad de su esposa, Mildred, que representa al resto de la sociedad: los que viven aborregados por la tecnología, creyendo a pies juntillas el mensaje oficial y que sólo piensan en consumir de la forma más correcta posible.

Resulta revelador que muchos de los avances e inventos que se narran en esta historia han llegado a desarrollarse después de una manera más o menos similar. Las paredes gigantes con las que las personas interactúan con la televisión en directo, los aparatos minúsculos que se insertan en la oreja para que las personas escuchen música sin molestar a los demás... Aunque son avances que más o menos podían intuirse y que hoy incluso se han superado, llega a asustar la precisión de la anticipación del autor. Se observa, a lo largo de las páginas, una crítica hacia el progreso y hacia la tecnología mal llevada, por lo que muchos tachan a Bradbury de caer, en este libro, en una crítica que raya en la tecnofobia. Sin embargo, esto no es más que una forma apocalíptica de ver determinadas partes de la novela.

A través de sus páginas, el lector descubre una llamada hacia la reflexión constante, a cuestionar todo lo que llega desde los medios de comunicación (sin caer en la paranoia) y a cambiar las preguntas cuando tenemos todas las respuestas. Sólo así la sociedad se alejará más y más de la situación tan dantesca que se muestra en estas páginas. Uno de esos libros que todo el mundo debería leer para reflexionar y evitar los errores.

Autor: Ray Bradbury
Edición: Minotauro
Páginas: 272 p.
Precio: 8,50€

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