Marina Montes

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Definitivamente cada generación tiene lo suyo. Cada década tiene algo diferente que la caracteriza. Tan sólo escuchando una canción podemos decir si es de los sesenta o de los ochenta de la misma forma que llevar la gorra con la visera hacia detrás es de lo más “noventero”. Con todo ello, el cambio de siglo nos ha traído algo más que nuevas modas, estilos musicales diferentes o expresiones coloquiales. Los últimos años han supuesto una auténtica revolución en la comunicación y en la forma de relacionarnos. Hace tiempo que el cambio no está en qué estilo de música escuchamos sino cómo lo escuchamos, no es tanto lo que compramos sino cómo lo hacemos. Y es que, amigos, ser millenial también tiene su aquel. 

Internet y las redes sociales han cambiado de forma significativa nuestra forma de vivir. Nuestro patrimonio social estaba formado por familiares, amigos y conocidos. El auge de las nuevas tecnologías ha traído consigo una figura social nueva, cada día más indispensable, el follower. Esto lo saben los músicos y los diseñadores de moda, lo utilizan fotógrafos y cineastas. Hasta los políticos hacen campaña y testan sus apoyos utilizando la red de redes. Pero, ¿y qué hay de l@s científic@s? 

La Ciencia y las personas que se dedican a ella son igualmente parte de la sociedad y, como tales, no son ajenas a estos cambios en ningún caso. Sin embargo, los cambios no ocurren a la misma velocidad en todos los ámbitos sociales y la actividad científica es una de las que más lentamente va impregnándose de los social media

Una encuesta realizada en 2014 a más de 3000 científicos de distintas áreas de conocimiento en la Universidad de Michigan reveló que tan sólo el 60% de los participantes entendía y utilizaba herramientas de networking en su actividad científica. 4 de cada 10 científic@s declararon que nunca usarían las redes sociales con fines académicos o profesionales. Poco a poco va quedando atrás el estigma de la comunicación y difusión de los resultados científicos como una pérdida de tiempo, o una distracción de las tareas nobles del científic@: la investigación y la docencia. 

Las redes sociales van penetrando inexorablemente en la rutina de l@s investigador@s que reconocen que el uso de herramientas como Google Scholar o ResearchGate es regular en su práctica diaria. ResearchGate es una red social muy enfocada a la investigación científica, con una interfaz y modo de funcionamiento muy similar a Facebook. Con 11 millones de usuarios registrados, en ResearchGate puedes encontrar investigadores de todo el mundo y de todas las áreas. En su perfil, cada investigador comparte sus publicaciones a la vez que puede seguir a otros usuarios investigadores. Cada vez que alguno de los usuarios que seguimos publique algo o reporte algún tipo de actividad, recibiremos una notificación para estar informados. Podemos valorar positiva o negativamente la calidad de un usuario, cuantificando likes y dislikes y, en base a todo ello, cada perfil tiene un RG score, un valor que trata de medir tu reputación digital como investigador y, como tal, está empezando a ser utilizado para evaluar a investigadores y profesores en instituciones universitarias y científicas. Evidentemente, su fiabilidad para evaluar la calidad de un investigador queda muchas veces en entredicho, ya que como se discute en este artículo no mide tanto el prestigio de un investigador como su participación en la plataforma.

Un ejemplo de artículo sobre Social Media y Comunicación que puede encontrarse en ResearchGate. El portal ofrece artículos científicos de toda clase de disciplinas, siendo una gran fuente de consulta para los investigadores.

A pesar de estos inconvenientes, estas plataformas constituyen una valiosísima herramienta para la mejora de los resultados científicos. A través de estas plataformas podemos conocer y contactar con otros investigadores que puedan interesarnos, algo similar al “quizás conozcas a…” basándonos en la premisa de que los amigos de mis amigos, quizás puedan interesarme como amigos. 

Mendeley es otra plataforma social de carácter científico en continuo crecimiento en la que podemos interactuar con otras personas, potenciales colaboradores de nuestra investigación. Mendeley es un gestor de recursos bibliográficos de uso libre, desarrollado por el gigante editorial Elsevier, en el que podemos almacenar todas las referencias que vamos utilizando y podemos citar en nuestros documentos futuros. Aprovechando esta información que introduce el usuario y los algoritmos típicos de las herramientas digitales se construye de forma automática una red social en la que la premisa es la de “Si dos investigadores leen los mismos artículos científicos es posible que trabajen en áreas parecidas”. Incluso, existe la posibilidad de compartir toda una biblioteca de material bibliográfico si ambos usuarios lo consideran. 

ResearchGate y Mendeley son, por tanto, aplicaciones cuyo objetivo es favorecer el contacto entre investigadores y estimular el desarrollo de colaboraciones entre ellos. Sin embargo, las redes sociales también son una magnífica herramienta de divulgación a la hora de difundir el trabajo de los científicos al gran público no especializado, así como un recurso de lo más útil en la formación. Prueba de ello son los cursos MOOC (Massive Online Open Courses) cada día más extendidos. 

Uno de estos cursos es impartido por la Sociedad Española de Microbiología (SEM) a través de Twitter. Los martes, miércoles y jueves, sobre las 22 horas, en la red social del pajarito también se habla de bacterias, virus, levaduras y antibióticos. Bajo la etiqueta #MicroMOOCSEM, se lanzan una serie de tweets que constituyen una auténtica clase abierta y dirigida a todo el mundo. También en Twitter se han popularizado recientemente los “hilos” o secuencias de tweets sobre un tema. De la misma forma que @ManuelBartual nos contó sus vacaciones, usuarios como @alex_riveiro divulga sobre temas relacionados con la astronomía, la astrofísica y la ciencia-ficción. Incluso, para que no pierdas detalle, luego recopila todos sus hilos en su Astrobitacora 


Uno de los últimos hilos de Alex Riveiro

Twitter y Facebook son lugares que poco a poco van siendo poblados por personas que hablan de ciencia a la vez que las instituciones científicas y académicas cada día hacen más uso de community managers en sus plantillas. Institutos del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) así como universidades españolas van enfocando una parte de su actividad a la difusión científica a un público global. Mención especial merece la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, quien lleva años de esfuerzo por culturizar de forma amena pero rigurosa a través del Cuaderno de Cultura Científica, entre otros proyectos. Sin duda Youtube es una de las redes que más crecimiento está teniendo los últimos años, hasta el punto de que youtuber es prácticamente un oficio a tiempo completo. Uno de los ejemplos que saltaron a la palestra el pasado verano es el caso del profesor Sergio Barrio. Profesor10demates es un canal en el que Sergio, un ingeniero industrial de Ponferrada empezó subiendo videos lecciones de matemáticas y física para sus alumnos. Actualmente tiene casi 3.000 videos y cerca de los 200.000 suscriptores, lo que acredita el éxito de Youtube para la formación y la educación. El profesor Barrio hizo de pregonero de CIMA, un proyecto cultural juvenil de Ponferrada, hace pocos meses. A día de hoy sigue subiendo videos con miles de visitas, en el que enseña a sus alumnos de forma sencilla, con cariño y demostrando que se puede ser profeta en su tierra y que las redes sociales pueden ser el camino de una carrera exitosa y con reconocimiento público. 

Youtube es también el hogar de algunos canales que tratan de hacer llegar a la sociedad algunos aspectos científicos, sacándolos de laboratorios y aulas como es el caso de Jose Luis Crespo, QuantumFracture en Youtube, licenciado en física y propietario de uno de los canales científicos más famosos en España. Crespo publica un video semanal, aproximadamente, en el que con animaciones propias, un tono desenfadado y contenidos muy cuidados habla sobre distintos aspectos de la física. Él mismo explica en este video de apenas dos minutos las ventajas de las nuevas tecnologías en la divulgación científica. Más de 800.000 suscriptores avalan su éxito.


Estos datos son anecdóticos pero revelan el surgimiento de una nueva tarea de la Ciencia, que no debe conformarse con publicar sus resultados en revistas científicas de impacto a los que sólo algunos pueden acceder sino que deben popularizar sus resultados, en el sentido de hacerlos accesibles y entendibles a la población general.

En el horizonte se divisan dos grandes metas. En primer lugar es perentoria la necesidad de que la Ciencia se haga visible. Como motor del desarrollo social es vital una buena salud de la actividad científica y académica que sólo es posible si la población es más partícipe y consumidora de estos contenidos. En segundo lugar, y quizás más importante, está la culturización no sólo como forma de justificar su existencia, sino como una fuente de nuevo conocimiento. De nada sirve invertir para generar nuevo conocimiento, si este conocimiento no llega a los usuarios finales.

Finalmente, una vez establecido el rumbo, las naves siguen impasibles su camino, pero con el cambio de siglo tenemos un nuevo motor, las redes sociales, para llegar a buen puerto antes y mejor.


REFERENCIAS:



El autor de esta entrada es Miguel Ángel Martín: Profesor y amante de la Divulgación Científica en general y de la Biomedicina y la Astronomía en particular. La Ciencia y la Divulgación me han atraído desde muy joven. Puedes leerme en Ciencia Intravenosa.

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