Marina Montes

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No lo puedo remediar. Lo confieso. Soy un auténtico desastre en lo que a organización se refiere. Me encanta el orden y me pasaría horas y horas mirando escritorios bien organizados . Pero de la teoría a la práctica va un trecho. Y confieso que soy incapaz de mantener el orden durante más de dos días. Dos minutos.
Photo by Jazmin Quaynor on Unsplash

Lo intento, pero la entropía es poderosa en el Universo y no me considero con autoridad suficiente como para ir contra las leyes naturales de la termodinámica. 

Dicen que las desordenadas somos personas olvidadizas.Yo no he llegado al punto de olvidar las gafas teniéndolas puestas aunque con las lentillas me ha pasado, pero sí que reconozco que un poco despistada sí que soy. También dicen que somos creativas y que albergamos un genio en nuestro interior. El mío está bien escondido, porque yo todavía no tengo el gusto. 

Pero ser desordenada también tiene algunas ventajas: cuando encontrar el bonobús se convierte en una búsqueda del tesoro te ayuda a salir de la rutina. Y además, de vez en cuando, el Universo me recompensa con algún tesoro escondido en un cajón o un billete de 5€ arrugado en un bolsillo. Ser desordenada, si sabes llevarlo bien, es divertido.

¿Y por qué nos cuentas todo esto, chica? Pues porque yo venía a hablar de La magia del orden de Marie Kondo, pero como me enrollo como una persiana, todavía no os he contao mi opinión. Y agarráos que vienen curvas y sé que en este segundo post me voy a ganar muchos detractores.

La magia del orden no sirve. Bueno, matizo. No me sirve. A mí, personalmente, y os cuento por qué.

En primer lugar, creo que es un error tomarlo al pie de la letra por pura idiosincrasia: Marie Kondo es japonesa. Todos los ejemplos de su libro y las experiencias que ha tenido se basan en una filosofía y un modo de vida muy distinto al nuestro. Reconozcámoslo: nuestra cultura está muy alejada, por lo que es imposible interiorizarlo por completo. Es cierto que lo que conocemos de la cultura oriental nos llega sesgado, pero hay muchas muestras (a veces leyendas urbanas) de que nuestro pensamiento es distinto al suyo. Empezando por nuestra picaresca española y nuestro carácter relajado y acabando por su manera de pensar estructurada y lógica (que yo admiro en ocasiones). Así que toda la filosofía que nos enseña el libro está lejos de poder asimilarse en poco tiempo.

Otra cosa que me ha chocado profundamente es lo relativo a los libros. Aquello de deshacerte de los que ya has leído y que no te van a aportar nada más. Es cierto que yo soy una maniática y no hay nada más bonito que una biblioteca. Y que acumulo tomos y tomos hasta que ya no caben en la estantería porque... pues por que sí. Pero jamás de los jamases se me ocurriría arrancar una página porque un pasaje me ha enamorado. Porque es una de las cosas que propone: si necesitas conservar un pasaje arranca la hoja, guárdala y deshazte del resto. ¿Cómo? Los libros no se tocan. Vale, es resumir y quedarme sólo con una parte superflua del mensaje. Pero... lo siento pero no.

Pero entonces, ¿nada de nada? Pues sí, reconozco que en parte puede ayudar: pero son cosas básicas que son de lógica: deshazte de la ropa que no uses, dóblala de manera que ocupe poco espacio y ordénala con cierta lógica. Hasta ahí - e insisto, simplificando mucho - todo en orden. Pero el resto de las experiencias del libro no creo que puedan ser aplicadas al 100% en nuestra vida. Principalmente, por nuestro carácter.

¿Que el orden puede arreglar nuestra cabeza y ayudarnos a poner nuestra vida en orden? Quizás, pero no creo que nos ayude a alcanzar esa epifanía que venden al promocionar el libro. A mí, desde luego, me ha parecido más un manual de autoayuda que un libro para ayudar a los cultistas de la entropía como yo.

Quizás el fallo está en cómo me he acercado yo a este libro esperando encontrar una fórmula mágica.  O simplemente, un manual más exacto sobre cómo guardar cada tipo de prenda u objeto y no sólo un capítulo dedicado a los dobleces. Vamos, que lo que buscaba era algo así:


Aún así, intentaré aplicar algo de las enseñanzas de Marie Kondo en mi vida. ¿Quién sabe?

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