Reto Bradbury #1: Y el muerto en el entierro

 24/1/16  | 

Juliana no se había perdido un entierro desde que tenía uso de razón. Comenzó yendo con su madre, ambas vestidas de negro impoluto, con una tosca pero cuidada mantilla sobre la cabeza. Juliana se sentaba en el banco y seguía atenta el espectáculo: los llantos, los suspiros, la letanía de los rezos y la parafernalia impostada del entierro. Cuando llegaba a casa volvía a jugar con la única muñeca de tela que tenía, remendada y llena de costuras, mientras repasaba mentalmente el Confiteor y esas líneas que se le atascaban.

Alt+F4

 20/1/16  | 

“Infarto fulminante”, afirmó vehemente el médico que sólo pudo certificar la muerte del escritor. Nadie reparó en la mancha negra que goteaba desde el tintero ni leyó el papel arrugado que había en el suelo. El inspector de policía más joven creyó advertir un leve movimiento en la papelera pero pensó que eran alucinaciones. El homicida había saltado de hoja en hoja, asesinando a todos los personajes que encontraba a su paso. Era el crimen perfecto.

Lo había planeado todo desde que terminó de formarse en la mente del escritor. Pero él no pudo saberlo porque optó por el punto de vista heterodiegético objetivo y, por ello, no conocía nada de lo que ocurría en el interior de los personajes. Era un narrador testigo que se limitaba a contar lo que ocurría, pero no lo que pensaban sus creaciones. Así que nunca supo que había creado un asesino desde el primer momento.

Todo ocurrió muy rápido, tanto que las 550 pulsaciones por minuto no fueron suficientes para plasmar en la pantalla todo lo que había ocurrido. Tampoco importaba mucho, porque al caer sobre el teclado el documento se cerró y nadie pudo leerlo. A la policía no se le ocurrió buscar en el historial de autoguardado por si quedaba alguna pista. Todo era demasiado sencillo como para intentar complicarlo con investigaciones absurdas. Además, los agentes estaban a punto de acabar su turno.

El asesino de las letras nunca fue descubierto. Tampoco cometió más crímenes. Porque no había pensado que al acabar con la vida del escritor, también había acabado con la suya.

*Publicado originalmente en Literaturate

Final alternativo

 17/1/16  | 

Ilsa Lund prometió que no haría preguntas, pero la curiosidad pudo más que ella. De haber cumplido su promesa, tal vez hubiese huido con Víctor en aquel avión. Hubiese terminado convirtiéndose en Ilsa Lazslo. Pero prefirió el interrogatorio. Y los ojos de Rick se lo contaron todo. Ilsa Blaine jamás se arrepintió de quedarse en tierra.

Y aunque ese fue el verdadero final, en cámara no quedaba muy bien. Así que cuando la historia de Ilsa y Rick se hizo famosa, todo cambió. Ella vestía de azul y Rick llevaba una chaqueta blanca. Ella odiaba el azul y él nunca vestía con chaqueta porque se manchaba las mangas con whisky.

Tampoco tenían una canción, amaban el silencio, porque podían adivinar lo que el otro estaba pensando y hacían como que no lo sabían, sorprendiéndose cuando escuchaban una frase que ya sabían de antemano que iban a oir. Porque aunque todo parecía perfecto, sus vidas estaban llenas de detalles oscuros que preferían no revelar. Hacer como que no habían existido. Y aunque cada uno sabía qué había pasado, nunca preguntaban.

Ella detestaba el papel que le había tocado hacer, porque ella nunca habría consentido que el amor de su vida la dejase marchar así como así. Lo habría besado Lo habría abofeteado. Incluso le habría gritado para que reaccionase de una vez y la besase como si fuese la última vez. Como le pidió aquella vez que nunca olvidará. Ilsa prometió no hacer preguntas, pero quiso cambiar el final. Porque aunque en la pantalla digan que todo se ha acabado, siempre hay un final alternativo que podemos inventar sobre la marcha. Sin guión.

*Publicado originalmente en Literaturate

La gran puerta

 16/1/16  | 



De: fgl@flashmail.com
Para: gabrielcano@flashmail.com
Fecha: 5 June 2007. 17:00
Asunto: Agradecimiento eterno

            Mi buen amigo Gabino:
            Te agradezco enormemente tu ayuda con mi empresa en esta ciudad nueva para mí. ¡Ah, amigo del alma! ¡Cómo añoro ya, sin haberla dejado aún, esta casa… El sonido del río que corre a su espalda, la silueta del monte, con los volantes blancos de su falda! Mira que todavía me arrepiento… la añoranza es mala compañía, Gabino. Nunca deja de acecharnos. Isabelita te envía muchos besos. Dice que aún recuerda los caramelos que le dabas y las pajaritas de papel que le hacías. Yo le digo que es imposible, que era muy pequeña para eso.. Ella se ríe, me llama tonto y cascabelea su carcajada en el aire. Me dice: ¡Cállate, poeta! Poeta yo, Gabino… yo que me desvivía por la música, con las clases qu eme daba don Antonio Segura. Yo que no he sido capaz de terminar la carrera…¡Poeta!!
            No quiero extenderme más en mis devaneos, pues el objeto de seta misiva era agradecerte tu favor y, sobre todo, ser breve.
Recibe el mayor de los abrazos de tu amigo que te aprecia. Te saluda,
Federico


La fiesta de las letras

 15/1/16  | 

Cuando los libros se cierran las historias se mezclan. Las letras se caen de sus renglones y se van de paseo. Las oes montan fiestas e invitan a las demás vocales menos a las íes, que son demasiado estiradas y siempre terminan por chafarlo todo. Las erres se montan en moto y se dedican a dar vueltas, mientras las las haches se quedan en un rincón, como las feas de los bailes de instituto.
Y cuando los lectores abren los libros, las letras corren con la velocidad del rayo a colocarse en su sitio. Lo que los lectores no saben es que si en ese momento en el que abren el libro para continuar la lectura decidiesen pasar rápido un par de páginas atrás, se encontrarían con que la historia no es la misma. Que ha cambiado. Porque durante una milésima de segundo, las letras se colocan como pueden, formando palabras extraordinarias que jamás se han pronunciado y cambiando por completo la historia.

Los dragones son pequeños, el sol se traga la luz y las brujas y las princesas juegan a las cartas. Pero eso sólo ocurre durante un breve espacio de tiempo en el que sólo podemos pestañear. Después, todo vuelve a la normalidad y el libro continúa su camino.

Lo que no saben los lectores es que el libro que leen es la primera historia que surge cuando comienzas a leer. Pero que si lo hubieras abierto unos segundos antes, la historia sería distinta. Porque hay un hechizo que fija a las letras en la posición en la que estén cuando el libro se abra. Y esa maldición sólo se rompe a trozos, mientras dejas el libro reposar en la estantería.

*Publicado originalmente en Literaturate

El #RetoBradbury: escribe un relato a la semana.

 14/1/16  | 

Decía Ray Bradbury que los escritores deberían crear, al menos, un relato a la semana. Y que no se pueden escribir 52 relatos malos seguidos. Que de entre tanta letra saldría alguna genialidad, al menos uno al año. Adriana Tejada se apunta al reto y yo también.

No se me ocurre mejor manera de comenzar esta nueva etapa. Que las letras nos acompañen. Y el espíritu de Bradbury esté con nosotros.

Cosas de familia

 10/1/16  | 

Encendía un candil tras otro, con sumo cuidado para que la llama no prendiese la pared. Lo hacía de forma mecánica "¿Cuántos años hace que hago esto cada noche?" - se preguntaba Mateo.

De pronto escuchó un susurro en la habitación. Demasiado grave y familiar, demasiado solemne para las estancias privadas de la Infanta. Poco a poco, la voz fue cobrando forma a medida que acercaba la oreja a la puerta.

- Como podréis ver, alteza, es un plan perfecto.

- No quiero que haya ningún cabo suelto. Es mucho lo que arriesgamos.

La voz que replicaba era aguda e insolente, como el sonido que hacen las ratas en la noche.

- Lo sé, excelencia, también yo.

- No, vos no. Yo - enfatizó - pierdo dos imperios, una familia un emperador y un rey. Vos tan sólo perderíais vuestra vida si algo se complicara.


Fiesta en Cinelandia

 9/1/16  | 

- Baila, baila, baila... ¡vamos, baila conmigo! - toc-toc-toc, el ritmo de la música marcaba un compás estable que invitaba al baile. La luna cinelánguida brillaba como nunca. La melodía se perdía en las conversaciones del bosque.
-¿Dormiremos hoy?
- No, nunca, ¡nunca hay que dormir! Dormir es perder el tiempo. ¡Dormir es morir! ¡¡Reir y bailar es lo que tenemos que hacer!!- una voz femenina y aguda giraba y giraba al borde del mareo mientras reía.
- Calla, calla, loca. Me duelen los pies, no quiero dar más vueltas- dijo una sombra masajeándose los pies al compás de la música -toc-toc-toc, frush-frush-frush.
- ¿Cómo te va a doler a ti nada? ¡Si eres una sombra!
- ¿Y las sombras no podemos sentir?
- No, no podéis. Como tampoco podemos las voces.
- ¿Somos psensibles? ¿No hablas tú con tristeza?
- No. Yo hago sentir a la gente que estoy triste. Les hago creer que estoy triste porque ellos están tristes.
- No estoy de acuerdo contigo.

Toc-toc-toc, frush-frush-frush, toc-toc-toc, frush-frush-frush, toc-toc-toc...

- Many, Many, vamos a bailar...
-No quiero bailar, no quiero hacer nada.
- ¿Por qué?
- No sé.
- ¿Cómo que no sabes?
- No sé.
- Pero Many, todo el mundo baila, todo el mundo canta, todo el mudo se divierte... venga, ¡vamos!
- Déjame, no quiero.
- ¿Por qué?
- No sé.
- ¿Cómo que no sabes?
- ¡¡No sé, Jacobo, no lo sé!!
- Many, Many... no puedes quedarte toda la noche aquí.
- ¿Y si quiero?
- ¿Que quieres qué?
- No sé.
- Many, no empecemos otra vez.
- No quiero bailar. No quiero estar aquí.
- Pero Many, tenemos que estar. Con todos. ¿Qué dirían?
- Que digan lo que quieran.
- ¿Lo que quieran? No creo que te gustase escucharlo.
- Quiero, quieres,quieren, queremos, queramos... ¿existe un verbo más odioso?
- Many, Many... no te entiendo.
- Yo no te lo pedí.
- No, ¿eh? - enfurruñado, Jacobo le dio la espalda. Al fondo, una sombra seguía frotándose los pies al ritmo de la música. Toc-toc-toc, frush-frush-frush. Los sapos croaban: toc-toc-toc, croac, croac, croac. Los cazadores disparaban al cielo: toc-toc-toc, pum-pum-pum.

Toc-frush-croac-pum-croac-toc...

- ¡Mira, mira!- gritó la voz aguda.
- ¿Qué?
- Eres una sombra pero no estás ciego, ¿no? ¿No ves?
- ¿El qué?
- ¡El qué no! ¿A quien?
- ¿Qué? ¿Quién?
- ¿No la ves? Es preciosa... ¡Lindísima!
- Ah... la Cooper, ¿no?
- ¡Cómo brilla! - hablaba con tanta emoción que, de tener cuerpo, daría saltitos para verla mejor.
- Sí, claro... yo también brillaría si me diesen los focos.
- Tú lo que tienes es envidia. Y de la mala.
- Sí, claro. Voy a terminar siendo una sombra verde.
- Calla insolente. ¡Qué guapa! - decía la voz mientras la figura luminosa se acercaba.
- Creo que estoy sintiendo algo. Algo malo. Algo que se va....
- Calla, calla. ¡A ver si hoy habla! ¿Se parecerá su voz a mí?
- Algo que se me va... cada vez que ella se acerca. No me encuentro bien.
- ¡¡Cállate estúpida!! ¡Tú no puedes sentir!
- Me mue... - la sombra fue diluyéndose poco a poco a medida que la Cooper fue acercándose.
- ¡¡Viene hacia aquí!!
 - Mira Many - dijo Jacobo enre la multitud - es Virginia Cooper.
- ¿Y? No quiero ver a nadie.
- ¡¡De cerca es mucho más guapa!! ¡Mírala! - la voz seguía gritando  extasiada- ¡Cómo me gustaría ser como ella! Tan lánguida, tan triste, tan hermosa...
- Vámonos, Jacobo - impuso Many.
- Pero Many...
- Vamos - Jacobo bajó la cabeza obediente.

Toc-toc-toc-pum-pum-pum-croac-croac-croac-toc-toc-toc-pum-croac-toc-pum-croac-toc...

La música se volvió frenética a medida que Virginia Cooper avanzaba lentamente. Pero faltaba algo...

- ¡Qué hermosa es! Tan pálida, sentada en la azucena... ¿vas a negarme que es la criatura más bella de Cinelandia?

La voz llamaba a la sombra hasta que de pronto escuchó algo. O mejor dicho, no lo escuchó.  

Toc-pum-croac-toc-toc-toc-pum-pum-pum-croac-croac-croac.... 

¿Y el frush-frush-frush?

- ¿Dónde estás? Por qué ya no hablas? ¡No te veo!

La música cesó de pronto y todos vieron una lágrima solitaria en la cara de Virginia Cooper.

- Qué mujer más desgraciada. Jamás podrá ser feliz. Porque con ella mueren todas las sombras - dijo Many con el rencor ahogándole la voz al pasar junto a la mujer luminosa, brillantemente apagada.

Un sollozo rítmico inundó la fiesta: sniff-sniff-sniff...


Inspirando en Cinelandia, de Ramón Gómez de la Serna

Diálogos peludos

 5/1/16  | 

- Nunca has visto una melena tan suave y brillante como la mía – dijo el león.

- Pero mis rayas son tan monocromáticas y geométricas que te superan en belleza – repuso la cebra.

- ¿Todavía no os habéis enterado que este año las manchas causan verdadero furor? – replicó el guepardo.


Desde su percha, la rebeca de lana sintética observaba una absurda discusión entre abrigos de piel auténtica. Estaba tranquila: sobre su conciencia no pesaba la muerte de ningún animal.

Nomenclatura equivocada

 3/1/16  | 

Decidió cambiar de nombre cuando fue abandonada por quinta vez. El primero le dijo que iba a por tabaco. El segundo que tenía un viaje de negocios urgente. El tercero que se iba de voluntario con una ONG. El cuarto que la alcanzaría al día siguiente con un vuelo rápido. Y el último que necesitaba tiempo. Pacientemente esperó su turno en el registro.

- ¿Nombre? – preguntó el funcionario.

- Penélope – dijo ella, consciente de que sería la última vez que lo escuchase.

Nos vamos

 2/1/16  | 

Lucía está en el suelo. Su cabeza cae de medio lado sobre la alfombra. Tiene el pelo lleno de pelusas que se mezclan con sus cabellos. Lucía no se queja. No habla. No grita. Ni llora. Yo tampoco. Daniela se ha ido hace un rato. Ha dejado a Lucía tirada, después de zarandearla y darle algunas patadas. En sus ojos no había odio. No había expresión alguna. Sólo el vacío. No se inmutó cuando el hombro de Lucía se dislocó, quedando en una postura salvaje. No se preocupó por levantarla del suelo cuando quedó allí tirada. Simplemente se fue. Corriendo. Como si nada hubiera pasado… 

Observo a Lucía, que me devuelve la mirada desde el suelo. La cojo con cariño. Siempre había sido la muñeca favorita de Daniela. Siempre jugaba con ella. Era su preferida entre las demás. El resto de muñecos podía esperar, pero Lucía no. 

Todavía recuerdo aquel día como si fuera ayer. La primera vez que jugó a “los papás y a las mamás”. Todo comenzó como un juego inocente, como todos hemos jugado alguna vez. Hasta que comenzó a alzar la voz. Daniela jugaba sola, al principio, muy bajito, como si le diera vergüenza reproducir ese ritual que alguna vez había escuchado desde detrás de la puerta. Después, le gritó. Ese fue el primer día. Y no tuve fuerzas para decirle nada. Porque sabía que no era más que lo que había aprendido en casa. No podía recriminarle que no hiciese eso porque ello lo vivía de cerca. No tenía autoridad. No ese día, cuando todavía me dolían el alma y las costillas… 

Una lágrima cae en la cara de Lucía. Es mía. De pronto me siento tan frágil como esa muñeca. Llena de remiendos, con el vestido roto y los brazos doblados. De pronto veo que toda mi vida no he sido más que un juguete roto. Que la pasión y los besos se apagaron. Que las promesas se rompieron como cristales y ahora se me clavan en el corazón. Que ya nada volverá a ser igual. Ahora me doy cuenta de que tengo el alma llena de puntadas que han intentado arreglar los golpes y no han servido para nada. Que para mí no hay piezas que puedan reemplazar las que ya se han quebrado. Y para Daniela tampoco. 

Tengo que salir de esta casita de muñecas. Tengo que dejarlo todo, pero no tengo fuerzas. No las encuentro. Tan sólo de noche, cuando veo a Daniela dormida en su cama pienso en abandonarlo todo. En que puede haber un lugar mejor lejos de este tormento. Donde nadie me juzgue por lo que he callado. Por lo que he soportado. Un lugar al que huir lejos con mi muñequita. Las dos juntas. Las tres. Porque Lucía también tiene derecho a vivir una vida nueva.