Miércoles marino

Miércoles marino


Los miércoles lo abrasaba la rutina. Apenas paraba en casa y soñaba con escapadas a las constelaciones imposibles de su espalda. Cada miércoles comía un plato de macarrones que le servía una camarera ausente que pensaba con huir hacia el norte. Soplaba al tenedor para enfriar la comida y se marchaba. Ese día la rutina se enfrió. Al soplar el tenedor escuchó el mar dentro de un macarrón.

Desde entonces sólo come tallarines: tiene miedo a morder a una sirena que viva dentro de una cueva de pasta.

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