La otra cara de Anfibiótico


Los que vivimos la canción de autor como algo imprescindible reconocemos rápidamente los discos que van a marcar un antes y un después en nuestras vidas. Esos que parece que no van a llegar y que al final, como un oasis, surgen entre la vorágine de la ciudad. Canciones que nos recuerdan que seguimos vivos y que la música y la letra nos atrapa con fuerza dándonos una bofetada de aire fresco.


Ese es, precisamente, el disco que esperábamos de Joaquín Calderón y que no nos defraudó. Después de más de cinco años de conciertos con banda, acústicos, con doce personas, con la sala llena... después de una larga espera en la que imaginábamos una y otra vez cómo podría quedar esa canción después del paso por el estudio, Anfibiótico -Anverso vio la luz. Y nos dejó deslumbrados.

El disco, en su conjunto, es como una vaharada de aire intenso, como cuando respiras un aire tan puro que te deja momentáneamente sin respiración. Cuando nos acostumbramos a esta cadencia, la música nos envuelve llenando los sentidos de esa sensibilidad tan propia de Calderón.

Este prestidigitador de la música se atreve con tonos emocionados, intensos, atrevidos y sensuales para dar vida a canciones que rebosan poesía y brillantez. Todo ello aderezado con la voz suave y la dicción perfecta de su autor, que desvela rabias, sentimientos, emociones, recuerdos y esperanzas.

Si además a esto le añadimos una gran fuerza en los arreglos musicales y los grandes músicos que le han acompañado en la grabación de este álbum  (José Mena, Chacho Martín, Jordi Gil Fernando Lamadrid  o Rafa Torres entre otros) obtenemos un trabajo redondo fruto de años de dedicación a la música y la canción de autor. Aunque muchos ya conocíamos las canciones porque concierto a concierto habíamos podido saborearlas en directo, lo cierto es que al escucharlas en el disco se abren ante nosotros como creaciones totalmente nuevas. El vendaval que es Mirándote, tocada al piano, es muy distinto a la canción marcada y fuerte que encontramos en el disco, al igual que ocurre con otros temas como Para que me veas, Diciembrenero o la propia Anverso, un tema antiguo que toma fuerza en este álbum.

Si con Anfibiótico nos sumergíamos en el universo Calderón y nos picaban las avispas, en Anverso descubrimos esa cara b que no tiene por qué ser tan distinta de la real. Un disco, en definitiva, para escuchar, escuchar y escuchar hasta quemarlo, hasta que la poesía nos salga por los poros de la piel. Un disco para vivirlo.

Marina Montes

Periodista. Lectora voraz. Un poco friki y un mucho geek. Apasionada de las letras. A veces intento escribir cosas, pero no siempre lo consigo.

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