Inglaterra necesita a Sherlock Holmes... y nosotros también

Aunque las redes sociales han cambiado nuestra manera de ver las series, lo cierto es que hay pocas que sean capaces de revolucionar a los espectadores sociales. Sherlock es una de ellas. La vuelta de la serie con su tercera temporada después de dos años de ausencia ha sido todo un espectáculo en internet. Y no es para menos, porque la temporada ha cubierto con creces todas las expectativas que nos habíamos marcado los fans y ha dado una nueva vuelta de tuerca a la historia del habitante más famoso de Baker Street.

 El primer episodio fue un regalo de Moffat y Gatiss a los fans. Dos años de espera fueron demasiado y más con el cliffhanger de la segunda temporada. Eso daba para escribir millones de historias y para que todos tuviésemos mil hipótesis sobre lo que verdaderamente había ocurrido. ¿Quién no se paró a pensar la estrategia de Sherlock en la azotea del Saint Bart’s? Las tres posibles soluciones fueron un guiño a esos ratos muertos que perdimos intentando averiguar cómo lo hizo. Y ese momento en la azotea con Moriarty fue una de las escenas impagables de ese capítulo. El reencuentro entre John y Sherlock fue, en realidad, un encuentro con los fans, una manera divertida de decirnos “Hemos vuelto y venimos a darlo todo”. Tanto nos dieron que incluso llegaron a dar un pequeño giro a la serie añadiendo tintes un poco más cómicos -algo que a muchos fans no les ha hecho mucha gracia, aunque todo estuviese regado con ese humor británico comedido- y mostrándonos a los personajes de una manera más cercana. Sherlock ya no es el psicópata – perdón, sociópata- altamente funcional, sino que se nos muestra como una persona con sentimientos, demostrándonos -aunque ya lo sabíamos- que es capaz de hacerlo todo por John. Aunque este haya sido capaz de rehacer su vida con una mujer.

El segundo episodio fue uno de los más esperados. La boda. La de John y Mary, por si alguien anda perdido. Hay una tendencia curiosa en esta serie -si podemos llamarlo así- y es que en las anteriores temporadas el segundo episodio era el más flojo de los tres. En esta se ha roto un poco, porque los tres son igual de brillantes, aunque es cierto que algunos de los fans más puristas aseguran que este episodio cojea por algunas partes. Por ejemplo, los casos de investigación, un poco cogidos con alfileres y en determinados momentos incluso “sobaqueros” -dícese de la solución sacada de la manga en el último momento-. Cuando ya sabemos el arma del crimen nos paramos a pensar, ¿cómo no se le ocurrió a Sherlock antes? Y sí que es cierto que tanto caso para adelante, caso para atrás acaba por marearnos un poco y hacer que el capítulo pueda hacerse un poco tedioso. Pero todo se arregla con los momentos de la boda: aquí vemos a un Sherlock hablando con el corazón en la mano y a un John que no quiere emocionarse pero no puede evitarlo. Si todavía no nos quedaba claro, en este episodio ya nos han demostrado que entre los dos protagonistas se ha creado una amistad difícil de romper, a pesar de todas las peculiaridades de ambos.

Y el episodio final. Ya habían prometido los creadores que nos iban a dejar patidifusos y así ha sido. Nos han mareado como han querido y todo el episodio ha sido un continuo “pero qué…”. Pero vamos por partes. Nos han presentado al que tal vez sea el villano más siniestro que hemos visto hasta ahora. Y eso que Moriarty hizo méritos. Pero Magnussen ha conseguido en una escena lo mismo que otros tardan horas de metraje en conseguir: nos desagrada en el primer momento y sabemos que es un tipo peligroso porque maneja el arma definitiva: la información. Conoce los puntos débiles de todas sus víctimas -y no gracias a las Google Glasses como nos hacen pensar al principio- y sabe dónde atacarles. Curiosamente se nos revela que el personaje más frío y antisocial, nuestro querido Sherlock, es el que más vulnerabilidades posee. Partiendo de esta premisa, el episodio nos lleva a través de una serie de escenas que nos dejan boquiabiertos una tras otra. Desde el Sherlock colocado hasta “Dark Mary”, con un pasado oculto como espía de la CIA, algo impensable en la adorable y encantadora esposa de John. Es curioso como Sherlock, en el fondo, sabía que había algo extraño desde la primera vez que la conoció. Aunque en ese momento le pasó desapercibido, ya sabía que escondía una gran mentira. 

Pero si hay una escena que nos ha dejado a los espectadores con la boca abierta ha sido el enfrentamiento entre Mary y Sherlock y su visita al palacio mental, sin duda una de las mejores escenas que hemos visto hasta el momento. Adentrarnos en la mente de Sherlock en un momento así nos hace ver cómo es su cabecita por dentro, donde no se escapa ningún detalle: ni siquiera esos tres segundos de caída hasta el suelo, buscando la mejor posición para evitar morir de un disparo. Molly (cada vez más importante aunque casi no nos demos cuenta), Mycroft, Anderson y, sorprendentemente, Moriarty, viven dentro de su mente. ¿Y John? No necesita estar ahí, es su tabla de salvación, el motivo que lo hace seguir luchando para salir adelante. Y también conocemos al Rosebud de la serie, Redbeard (Barbarroja), que ya nombraron en el episodio anterior y que no sabíamos lo que era: ni más ni menos que el perro que tuvieron los Holmes cuando Sherlock era niño. Un toque melodramático que a muchos nos ha chocado en ese momento de tensión, pero, ¿qué pasa por la cabeza de una persona cuando está muriendo? 

Magnussen ha sido un villano de poca duración, pero realmente intenso. Ha llegado a cambiar al Sherlock que hemos visto hasta el momento. Porque hasta ahora, nunca había matado -al menos, directamente, ya sabemos la ayudita que prestó a la señora Hudson-. Le bastaba con la supremacía intelectual para derrotar a su enemigo. Sherlock Holmes nunca mata, pero, ¿por qué ahora? Sus debilidades y la promesa en la boda tienen mucho que ver. Pero a todos -quizás a los lectores de las novelas no tanto- nos ha sorprendido ver como Sherlock es capaz de convertirse en un asesino a sangre fría si se tercia. Un asesinato es un asesinato, ya seas un piltrafilla o el detective más famoso de Inglaterra y hermano del jefe de los servicios secretos de la Corona. Hay que cumplir condena y, aunque afortunadamente la cárcel queda descartada, un exilio forzoso en una misión suicida es algo que nos partiría el corazón a todos. Por eso nos resulta fría la despedida de John y Sherlock, aunque viéndolo otra vez, está llena de esa flema británica que les hace comedir sus sentimientos. Si John aguantó los toquecitos de Magnussen, no tendría sentido que ahora se pusiese a llorar como una magdalena. Sus caras lo dicen todo. Afortunadamente, el archinémesis más odiado y admirado vuelve a la escena y la condena se convierte en el exilio más corto del mundo. 

Un detalle importante de esta temporada -y la serie en general- es cómo juegan con el canon adaptando y modificando sin que deje de respirarse la auténtica esencia de Holmes. La vuelta de Moriarty es un sinsentido -los guionistas nos aseguraron que estaba muerto- aunque podría ser un juego como el mismo Conan Doyle nos hizo en las novelas donde aparentemente los tres hermanos Moriarty se llamaban igual. Si en el original Sherlock es un adicto a la cocaína, aquí no puede vivir sin la nicotina, pero en este último episodio lo vemos colocado hasta las cejas de cocaína cuando John conoce a Wiggins, uno de los personajes clásicos en las novelas. Ya conocíamos a los Irregulares de Baker Street, esa red de mendigos que sirven de informadores a Sherlock, pero hasta ahora no había ningún cabecilla. Habrá que ver si desarrollan el personaje o queda como mera anécdota. Por cierto, ¿a alguien se le ha escapado el detalle del tercer hermano Holmes? ¿Veremos a Sherrinford? Aunque también hemos visto cosas que se han salido mucho de la historia original, como la doble vida de Mary como sicaria y su embarazo. Sólo pido a los guionistas que no empiecen a meter relleno sensiblero en la serie -una muerte de Mary en este estado sería devastadora para la trama-. 

Viendo los capítulos con un poco de perspectiva, tal vez esta temporada haya ayudado a consolidar la serie como una de las mejores producciones de la BBC. Inglaterra necesita a Sherlock Holmes y nosotros también.


*Publicado originalmente en el portal Frikarte

Marina Montes

Periodista. Lectora voraz. Un poco friki y un mucho geek. Apasionada de las letras. A veces intento escribir cosas, pero no siempre lo consigo.

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